I can’t believe how hard it’s getting used to the idea that I have to leave, so I don’t even wanna think of how it’s gonna be to actually leave. After all the complainings and the homesickness and all of that bullshit I’m just like, ok, can I please go back in time and live this all over again?
I can’t believe it’s over.
Por fin he ido in the back of a pickup truck. ¡Esto es vida, y’all!
En otro orden de cosas, exams are over, así que esta semana nos vamos a dedicar a ser turistas en nuestra “propia” ciudad. Con parada en el Kentucky Derby, of course.
Y hablando de bipolaridades, el sábado fue Thunder, el mayor espectáculo de fuegos artificiales en América. Lo curioso del asunto es que en Kentucky es ilegal vender y comprar fuegos artificiales, pero no es ilegal explotarlos, lo cual hace posible que, repito, tengan el mayor espectáculo de fuegos artificiales en América.
¡Os hamo, sureños!
Hace un año, jamás jamás jamás me habría parado a escuchar un discurso de aceptación de un premio que incluyera poesía. Ahora no sólo me paro a escucharlo, sino que también lo reescucho y lo leo.
Señor Nicanor Parra, siento decirle que lo que usted hace no es antipoesía, es Poesía con pe mayúscula.
http://www.rtve.es/contenidos/documentos/nicanor_parra_discurso.pdf (Si alguien pudiera confirmarme que Paqui ha hablado de esto en clase y/o en la cena sería maravilloso.)
That awkward moment when you see someone’s relationship status on facebook and it might actually be true that he is engaged at 21.
Pues eso, que las prioridades en la vida de cualquier sureño son casarse y formar una familia. Cuanto antes mejor.
Ver un partido de la NBA en directo es la cosa más maravillosa del mundo, especialmente si estar en Estados Unidos te ha hecho obsesionarte con el baloncesto. No eran los Timberwolves, pero eran los Celtics, que, siendo realistas, es bastante mejor. El estadio, como buena versión americana de las cosas, era gigantesco y el espectáculo del intermedio no defraudó, sobre todo acompañado de helado de birthday cake.
El único punto negativo de la noche fue que no pudimos ir a cenar a un pub irlandés porque mi amiga Madelaine es menor de edad. Mi “we’re not going to drink, we’re just going to have dinner” no sirvió de nada. Al parecer, en algunos lugares de los Estados Unidos de América no puedes cenar fuera si no tienes 21 años por si acaso te emborrachas mirando una cerveza.
Aquí no te pita una panda de canis desde su coche tuneado con la música a todo volumen; aquí te pita una panda de rednecks desde su pickup truck escuchando country.
Hoy he cagado rosa.
Ayer vivir un momento de dura confusión. Llegamos por la noche a Louisville (Luhvul), KY después de 12 horas metidos un coche. No tenía noción ninguna de qué hora era, y no ayudó en absoluto tener tres horas distintas en mis diferentes dispositivos horarios. Al parecer el sábado hubo cambio de hora, con lo cual mi reloj tenía la hora antigua de Louisville, el ordenador tenía la hora nueva y el móvil tenía la hora nueva de Panama City, FL, que tiene hora central. En serio, me llevó un buen rato to figure it out.
Sabes que estás americanizada cuando sales a la calle en sweat pants sin intención de ir a hacer deporte.
